Tener aventuras es un riesgo que muchas veces nos animamos a correr. Pensamos que nos lo merecemos. Que somos capaces. Todo empieza con una forma de seducción pero con un grado mayor de atrevimiento. Por lo general lo suelen poner en práctica personas que han perdido el deseo sexual en el ser amado, aquella persona que con su mirada nos deslumbró. La que disfrutaba mucho con nosotros haciendo el amor, resulta que ya no. Y el disfrute ha sido reemplazado por discusiones y malos momentos.

Y así el buen ambiente de la convivencia pasa a ser reemplazado por “Ya nada es lo mismo” “Todo es monotonía”, “te quiero pero no es igual”. Son algunas palabras previas al inicio de lo que se termina convirtiendo en una aventura sexual.

Sin embargo es un tema que requiere buen manejo sobre todo dependiendo del lugar donde se exteriorice, hay que tenerlo en secreto para que nadie se pueda enterar de lo que vienen sucediendo entre los dos protagonistas de la aventura. Y si pregunta alguien lo mejor será no decir nada, en absoluto.

Pero aun así la aventura suele terminar perjudicando a un tercero que aun cuando no puede ver lo que hace su pareja pasa a convertirse en víctima, y a buscar el amor por Internet en busca de esa chispa que se ha perdido

Parece mentira pero las aventuras a veces nos devuelve la ilusión, todo resulta idílico, aun cuando sabemos que solo es atracción sexual y que el lado romántico no está de por medio. No es que uno quiera justificar la aventura pero el deseo en otra persona comienza así. Pero una aventura muchas veces también se presta a confusiones porque no todos saben medir con la misma varita a la idea de aventura. Que es pasar un momento agradable sin que por ello deba haber involucración. Las aventuras se pueden repetir cuantas veces queramos. Las veces que deseemos seguir esa doble vida. Pero no queremos ir más allá. No. Aun cuando a veces pese a que se trate de una aventura uno de los involucrados termina sintiendo algo más. Sucede a veces que prefiere no ir más allá, de una aventura, no solo ya por la rutina sino porque tenemos toda la vida establecida, no queremos hacer de un problema pequeño un problema grande. Preferimos engañar. Guardarnos el secreto. Y es entonces cuando vemos que todo puede salir bien. Aun cuando la aventura tiene su parte de riesgo. Su atrevimiento. Sabemos además que no está bien lo que hacemos pero igual lo hacemos porque lo vamos a pasar bien con esa persona que ha decidido ceder a nuestros encantos.

Si se va a tener una aventura mejor será mantenerlo en la discreción total y no por ello ir contando lo que se ha hecho y con quien se ha hecho, saber que existirán seguro un perjudicado, aunque a veces también son dos dado que de las dos partes hay relaciones estables de por medio. Es por ello que nada deberá llegar a sus oídos, pues de ser así entonces la aventura habrá terminado y nuestra relación estable seguro también.